
Por: Nicolás Pérez Vásquez
En política los gestos dicen más que los discursos. Y en un país donde cada movimiento se interpreta como una señal, Álvaro Uribe decidió enviar una de las más fuertes al integrarse a la lista cerrada del Centro Democrático al Senado. No busca protagonismo ni reivindicaciones personales, su presencia tiene un solo propósito, impulsar la lista, fortalecer al partido y asegurar que la candidatura presidencial llegue con verdadera fuerza competitiva al 2026.
Uribe entiende que el futuro del partido no depende de su figura sino de la capacidad de construir un liderazgo nuevo, capaz de unir y de ganar. Ese liderazgo por preparación, trayectoria, claridad y lealtad lo encarna Paloma Valencia.
En un momento de incertidumbre institucional, desilusión ciudadana y fragmentación dentro de la oposición, Paloma ofrece algo que hoy escasea en la política colombiana, coherencia. Nunca ha vacilado en los temas esenciales del partido, nunca ha jugado a la ambigüedad para agradar a unos y otros, nunca ha sacrificado convicción por cálculo coyuntural. Su lealtad al proyecto no nace de la conveniencia, nace de una visión firme sobre la seguridad, la estabilidad y la libertad económica.
Paloma debe ganar la nominación del Centro Democrático porque es la más preparada para gobernar y porque tiene la capacidad de unir dos orillas que hoy parecen distantes, la base del CD y ese amplio sector de centro que se siente políticamente huérfano. En ella encuentran firmeza sin escándalos, autoridad sin imposición, carácter sin arrogancia y una comprensión profunda del país real. A su alrededor puede formarse una coalición nueva y sensata, pero también valiente, capaz de ofrecerle al país un rumbo distinto.
A esa preparación se suma algo decisivo. Paloma es hoy la figura llamada a enfrentar y derrotar el proyecto político que representa el petrismo, esta vez encabezado por Iván Cepeda. El país ya ha visto las consecuencias de la improvisación y la polarización permanente. La ciudadanía busca una alternativa clara y confiable, una alternativa que tenga la fuerza para ganarle al modelo que ha dividido al país y debilitado las instituciones. Esa alternativa es Paloma Valencia.
La presencia de Uribe en la lista fortalece ese camino. Le da vigor a la estructura, moviliza a la militancia y envía un mensaje de unidad interna. Todos los dirigentes del partido, sin excepción, están llamados a impulsar la candidatura presidencial. En esta elección los candidatos al Senado y a la Cámara serán decisivos. Ellos recorrerán cada región, articularán el mensaje político, defenderán las banderas del partido y ayudarán a consolidar un ambiente de crecimiento para su aspirante presidencial. La bancada del CD no será un grupo de acompañantes, será la catapulta.
Por eso el gesto de Uribe cobra sentido político. No pretende ocupar el centro del escenario, todo lo contrario, su presencia amarra al partido a un mandato claro. Competir en serio, con disciplina, cohesión y un mensaje común. Es una forma de recordarle a la base que el proyecto presidencial no es un accesorio sino la misión principal.
Y en esa misión la figura central es Paloma Valencia. Su candidatura no solo refleja lo mejor del partido, también incorpora una energía renovadora capaz de conectar con sectores que alguna vez se alejaron decepcionados de la política tradicional. Sus posturas son claras, sus propuestas son sólidas y su carácter conecta emocionalmente con un país que siente que el desorden ha llegado demasiado lejos.
Paloma posee además la capacidad real de unir a la derecha democrática con el centro moderado. Esa combinación la hace competitiva desde el primer día. Las encuestas muestran que una vez nominada puede superar el ocho por ciento de intención de voto, un punto de partida que la convierte en una figura capaz de crecer rápidamente y disputar la Presidencia con opciones reales.
El Centro Democrático tiene estructura, tiene base ideológica y hoy tiene una candidata que genera esperanza. Pero el éxito de este proyecto depende de la unidad. La lista al Congreso, con figuras experimentadas y nuevos liderazgos, será determinante para amplificar el mensaje nacional. Cada uno de sus integrantes, empezando por quien más influencia tiene, debe asumir el compromiso de trabajar por el triunfo presidencial.
Esta es la dimensión del momento político que vive el partido. No es simplemente una elección interna, es la oportunidad de ofrecerle al país un liderazgo serio, preparado y capaz de recuperar la seguridad, la estabilidad económica y la confianza en las instituciones.
La candidatura de Paloma Valencia representa ese liderazgo. Y la decisión de Uribe de acompañar la lista es una declaración explícita de respaldo al proyecto y de responsabilidad histórica. No se trata de repetir viejas fórmulas, se trata de abrir un camino nuevo con las personas adecuadas en los lugares correctos.
Si Paloma gana la nominación, y tiene todo para hacerlo, el 2026 se convierte en una posibilidad real para el partido. Una posibilidad no basada en nostalgia, sino en preparación, coherencia, unión y esperanza. Un proyecto donde el Congreso impulsa a la Presidencia y donde la Presidencia se construye con liderazgo, carácter y visión.
Ese proyecto tiene una protagonista clara, y su nombre es Paloma Valencia.