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La verdadera unidad nace del consenso, no del miedo

febrero 15, 2026 Columna

Por: Nicolás Pérez Vásquez

Hay una ansiedad que recorre ciertos sectores políticos, económicos y sociales: “unifiquen ya, cierren filas ya, definan un candidato único ya”, como si la política fuera una operación matemática en la que sumar rápido garantiza ganar.

Pero vale la pena preguntarnos, con serenidad, cuál es el afán de imponer un candidato único desde ahora para enfrentar al modelo petrista.

La lógica electoral y la lógica empresarial no son la misma cosa. En el mundo empresarial concentrar liderazgo temprano puede transmitir orden, pero en política forzar una unificación prematura puede generar fracturas silenciosas, desmovilización y falta de legitimidad. Un gerente organiza equipos, un liderazgo democrático construye consensos, y los consensos reales no nacen de la presión sino de la maduración colectiva.

Las candidaturas, como los seres humanos, requieren tiempo. Necesitan atravesar debates, contrastes y momentos de prueba. La competencia interna bien manejada fortalece, obliga a afinar ideas y a medir la verdadera capacidad de convocatoria. Un candidato único impuesto puede aparentar unidad, pero un liderazgo consolidado por proceso genera autoridad real.

Es cierto que acelerar la definición de un candidato único tendría sentido si enfrentáramos un riesgo alto de quedar por fuera en primera vuelta. En ese escenario cerrar filas cuanto antes sería prioritario, aun con el riesgo de equivocarnos en la persona. Pero hoy ese riesgo es mínimo. La configuración de la consulta fragmenta ese bloque y reduce la probabilidad de una derrota temprana. Tenemos margen para construir con inteligencia y escoger la mejor alternativa para recuperar el país. Aprovechemos esa ventaja, votemos la GRAN consulta masivamente y convirtámosla en una demostración de fuerza democrática.

Hay además un riesgo más delicado. Una unidad acelerada puede llevarnos a elegir un candidato fácilmente derrotable en la elección definitiva. Para ganar no basta con consolidar a los convencidos. Es indispensable alguien capaz de recoger el voto de quienes se oponen al petrismo, incluso de ciudadanos que se ubican hacia la izquierda pero rechazan la confrontación permanente o el debilitamiento institucional. La votación será estrecha y no podemos darnos el lujo de tomar decisiones movidas por vanidades o presiones coyunturales. Las elecciones cerradas se definen en los márgenes, y esos márgenes se conquistan con amplitud, no con ansiedad.

A esto se suma un elemento estratégico fundamental. Existen varios partidos que aún no han definido sus apoyos y que en conjunto suman más de ciento cincuenta curules en el Congreso. Esos respaldos serán decisivos no solo para ganar la Presidencia sino para gobernar con estabilidad. De ellos dependerá mantener nuestras instituciones fuertes y apoyar o resistir las propuestas del Ejecutivo en el próximo cuatrienio. Esa mayoría institucional no se construye con imposiciones prematuras, se construye con un liderazgo confiable y capacidad de convocatoria amplia.

Además, una semana en política no equivale a una semana en la vida normal. En pocos días puede cambiar el humor social, alterarse el escenario económico o surgir un hecho que reconfigure por completo el tablero. La política es dinámica e impredecible. Lo que hoy parece definitivo mañana puede quedar superado por la realidad.

No se trata de enfrentar un nombre sino un modelo. El modelo que hoy representan Gustavo Petro e Iván Cepeda ha mostrado una tendencia preocupante al debilitamiento institucional y a la confrontación permanente como método de gobierno, así como una desconfianza en la iniciativa privada como motor de progreso. No encarna plenamente los valores democráticos de equilibrio y respeto por la oposición ni ofrece garantías sólidas para todos. Tampoco brinda certezas de una economía fraterna y saludable en el largo plazo, capaz de generar empleo estable, inversión y crecimiento sostenible.

Si queremos vencer ese rumbo la unidad es indispensable, pero la unidad eficaz no es la que se decreta temprano sino la que se construye alrededor del candidato capaz de recoger los votos necesarios para ganar y de consolidar las mayorías necesarias para gobernar.

La pregunta entonces no es quién debe ser el candidato único hoy, sino quién puede convertirse en el candidato que una, gane y gobierne con estabilidad cuando llegue el momento. La política no es una carrera de velocidad, es una prueba de resistencia, inteligencia y oportunidad. Y quien entienda eso no actuará por miedo, actuará con estrategia para ganar y transformar.




 

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